RECORDANDO LO NUESTRO

"Tucho" da la mas cordial bienvenida a este blog; creado para ser comunicador de experiencias , viencias y caminos recorridos, otras de historia; de un pasado fundamentado el presente y proyectandonos al éxito , pretendiendo sociabilizar con el mundo y direccionando un futuro prominente. No olvidando que: " la imaginacion es el signo del hombre cerador y el equilibrio emocional la caracteristica del hombre maduro".







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jueves, 24 de febrero de 2011

AL HUECO VA.... AL HUECO VA


La Ventanita de Tucho
Eduardo Velásquez García


“¡Al hueco va…al hueco va…!”

Las tradiciones constituyen el basamento substancial en la  identidad de los pueblos, sin ellas, carecían de “partida de nacimiento”; son construidas por personajes y alimentadas de fábulas, que repetidas de “boca en boca”, a través de generaciones, entran a conformar el código del respeto y características.    
En determinados sectores del agro manabita, “le paran harta bola” a una creencia arraigada desde hace “pufff” y está “fecundada” en el ave perteneciente a la familia de las falconiformes, conocida como la Valdivia, “parentela” del halcón y el águila;  dice la costumbre campesina, que la mencionada Valdivia, es de “mal agüero”, pues presagia  la muerte de algún vecino de la comarca con su canto: “Al hueco va…Al hueco va”; la “cantinela” repetida varias veces “pone mosca” a la gente de la zona, según la creencia la Valdivia “profetiza” luto y previene a tener lista, “la muda de ropa negra”;  el crédito hacia el animal se profundiza, al coincidir “el cantico” de la Valdivia, con el fallecimiento de un habitante del poblado. 
La migración a los centros urbanos, por distintas razones, sea trabajo o educación, hace en cierta forma que algunos hábitos y leyendas, vayan desapareciendo con el transcurrir del tiempo;  la descendencia que se desarrolla y nace en las urbes, adoptan las modalidades de esas jurisdicciones; incluso, la gastronomía “capira”, por cierto sabrosísima, siente un “arrinconamiento”;   hamburguesas, “hot dogs”, papas fritas y otras comidas “chatarras”, le ganan “terreno”, a la “tonga”, aquella comida envuelta en hojas de plátano y cocida en fogones con leña; al verde asado, la cuajada y otras delicias campestre; verdaderos manjares de la madre tierra; libre de contaminación; aire puro.  El ritmo de vida, tampoco permite prepararlas cotidianamente…a partir de estas circunstancias, florecen los restaurantes, promocionando “comida criolla”…apaciguando así, la añoranza lugareña
En la parte urbana, es todo lo contrario, ya que pitonisas, infaustos y sepultureros, son los que anuncian la muerte y el entierro de las instituciones;  es decir son las “guacharacas personificadas”;  incluso, soterradamente y “zambullidas” adentro y también afuera de los organismos, se confabulan para devastarlas a través del mal direccionamiento, la impavidez y lo peor, “chismeando”;  se avienen y cohabitan en el ambiente, simulan ser  defensoras de la población y de manera “farisea” aplican la “puñalada trapera”.
Las poblaciones tienen que armar argumentos efectivos, para solventar la permanencia de los organismos que cumplen un rol importante y que por el “gelatinoso” accionar de los representantes de esos pueblos,  “trastrabillan”, hasta que pierden el equilibrio   y  claro,    ¡Zas! “cae la guillotina”